Prólogo

SEGUNDA EDICIÓN DE LAS «BUENAS PRÁCTICAS DE E-LEARNING»

Dice el adagio español que nunca segundas partes fueron buenas. No es éste el caso ahora. La segunda edición de las «Buenas prácticas de e-learning» coordinada por Ana LANDETA es una buena, muy buena, noticia, que refleja el desarrollo y la madurez de este nuevo y transformador servicio educativo.

El valor estratégico del e-learning no ha cesado de aumentar desde su irrupción en la escena como uno de los protagonistas principales del nuevo orden digital. E-learning está destinado a ser la gran herramienta educativa del siglo XXI, la que permitirá el acceso global a la sociedad del conocimiento, tanto desde el punto de vista geográfico como desde el social. El potencial de e-learning para acceso a la educación no tiene precedentes históricos. Desarrollarlo es un reto de primer orden.

En el momento de crisis en el que esta edición aparece, la necesidad de formación y re-formación de la fuerza de trabajo se presenta con una urgencia y una gravedad especiales. Estimular y ayudar a las personas activas a situarse mejor en términos de empleo, a refrescar y ampliar los conocimientos adquiridos, a desarrollar nuevas competencias y nuevos intereses, o a suplir carencias y falta de oportunidades del pasado es otro urgente reto económico y social que reclama un uso eficaz de e-learning.

El aprendizaje permanente, en el pasado un privilegio de los entornos académicos y de las clases acomodadas, ha pasado a ser el paradigma de la educación y de la formación. El desarrollo al máximo del capital humano es el recurso principal de la sociedad del conocimiento, por encima de otros recursos tradicionales. Hacerlo realidad parece imposible sin un uso creativo y estratégico de e-learning.

Pero hay aún más razones de peso. Esta segunda edición de las «Buenas prácticas de e-learning» sale a la luz en pleno Año Europeo de la Creatividad y la Innovación. Cuando la Comisión Europea propuso dedicar el 2009 a la creatividad y la innovación, la situación económica era muy distinta. Varios años de crecimiento sostenido habían llevado a una confortable sensación de prosperidad y a unos niveles de desempleo que eran mínimos históricos. La innovación emergía claramente como el principal factor de competitividad europeo en la economía global.

En este contexto, el Año Europeo se planteaba como una celebración de la rica historia europea en ambos frentes, para estimular el interés de los ciudadanos europeos y su comprensión de hasta qué punto la creatividad y la innovación son importantes para Europa, y la gran responsabilidad que tienen los sistemas de educación para fomentar y desarrollar los múltiples talentos creativos que son la base del progreso científico, económico y social.

En el 2009, en plena crisis económica y financiera, con un desempleo en alza y unas perspectivas inciertas, la creatividad y la innovación se presentan además como el único camino para salir de la crisis, afrontando los grandes retos de nuestro tiempo y construyendo una nueva economía basada en principios de equidad y de sostenibilidad. El Año se revela así como una iniciativa oportuna y valiosa para alimentar el necesario proceso de reflexión, debate y definición de políticas innovadoras económicas y sociales. Entre ellas, y muy en primer lugar, las educativas.

En un contexto de crisis y renovación, la educación y la formación adquieren una importancia única. El paso a la sociedad del conocimiento exige un esfuerzo educativo que sólo puede compararse al que hace algo más de cien años reclamó el florecimiento de la civilización industrial, y del que nacieron los actuales sistemas educativos europeos.

La creatividad y la innovación refuerzan las premisas iniciales: estamos en una situación que requiere la capacidad de poner en cuestión los modelos de la sociedad industrial y reconstruirlos usando el potencial aún no enteramente comprendido de la sociedad del conocimiento. No pueden en estos momentos plantearse tales políticas sin un uso decidido y eficaz de las nuevas tecnologías. La educación no es una excepción.

Hay acuerdo general sobre este rol decisivo de las TIC para la educación, la investigación y la innovación. Las TIC se han convertido en infraestructuras esenciales para la creación, utilización y difusión del conocimiento, sirviendo y aumentando la capacidad de innovación en todos los sectores. Su contribución supone más del 40 por 100 del incremento de productividad en general1. Los informes2 y análisis3 que la Dirección General de Educación y Cultura realiza apuntan a una correlación entre oportunidades de formación permanente y resultados en materia de innovación.

Sin embargo, el informe4 que la Comisión publicó en 2008 sobre el progreso en estos dos temas reconoce que: «El impacto de las TIC en la educación no ha sido tan grande como se esperaba. En particular, la transformación que han experimentado las empresas y los servicios públicos a través de las TIC no ha llegado todavía a los procesos educativos. La integración plena de las TIC en los sistemas de educación y de formación requiere aún cambios profundos en la organización y equipamiento de los principales entornos educativos: las aulas, los puestos de trabajo y el aprendizaje informal».

El informe refleja también un amplio consenso sobre la utilidad de las TIC para la enseñanza escolar, y pruebas de que las escuelas que las han integrado bien obtienen mejores resultados. La enseñanza superior obtiene ya beneficios sustanciales del uso de las TIC, pero está aún lejos de explotar su potencial para la enseñanza a distancia, para la movilidad virtual o para responder a las crecientes demandas de desarrollo profesional a lo largo de la vida. A pesar de los resultados positivos y contrastados de numerosas experiencias en la enseñanza de adultos, e-learning sigue siendo infravalorado e infrautilizado a este nivel.

Una proporción importante de las grandes compañías nacionales e internacionales y de sectores importantes de los servicios públicos como las finanzas o la sanidad han llegado a soluciones integradoras de e-learning en sus procesos de trabajo por razones no sólo de economía sino también de eficacia y de mejor adaptación a las necesidades y preferencias de sus empleados. Sin embargo, las pequeñas y medianas empresas que en teoría parecen estar entre los sectores sociales que podrían derivar mayores ventajas del e-learning, más concretamente del acceso a posibilidades de formación en el propio puesto de trabajo, no lo usan de manera general.

Una última conclusión del informe es la creciente importancia de la brecha digital como una nueva forma de exclusión social. Las conclusiones5 de la conferencia ministerial sobre «e-inclusion» que tuvo lugar en Viena a finales del 2008 declaran que «en estos tiempos de dificultades económicas, es más necesario que nunca proteger a los sectores más vulnerables de nuestra sociedad. Las TIC son herramientas esenciales para ello. Una mejor inclusión digital contribuirá al desarrollo del principal recurso europeo: su capital humano».

Este informe no deja duda sobre la necesidad de un nuevo impulso al desarrollo de e-learning, para el que un elemento esencial es el de análisis, difusión y comunicación de las investigaciones y prácticas existentes. Diez años de experiencia en el llamado «método abierto de coordinación» propuesto por el Consejo de Lisboa nos han llevado a la conclusión indiscutible de que el debate e intercambio de conocimientos entre pares son los valores añadidos principales que proporciona la dimensión europea.

La Unión Europea no tiene competencias legislativas en materias de educación, y sólo dos competencias «de apoyo» que son ayudar a los Estados Miembros a mejorar sus sistemas educativos y, curiosamente y de manera muy relevante para el tema que nos ocupa, promover el desarrollo de la educación a distancia. En el año 2009, esta competencia, nacida del deseo de fomentar la generalización de la educación, no puede entenderse sin una presencia fuerte del e-learning.

Sin embargo, a pesar del amplio consenso sobre estas conclusiones, compartidas en general por todos los países europeos, una consulta rápida de su prensa especializada o de sus documentos políticos en temas de educación refleja una caída de protagonismo del e-learning.

El enorme esfuerzo que se hizo para equipar y conectar los centros escolares y formar a los docentes en el uso básico de las nuevas herramientas puede haber producido la sensación de que la revolución digital en las aulas está ya hecha.

Las nuevas tecnologías forman ya parte de los recursos educativos de base, y excepto en casos puntuales, como el reciente anuncio del gobierno español de su intención de equipar a todos los escolares con un ordenador portátil, no aparecen grandes proyectos para su consolidación.

El propio éxito de las TIC para la educación y la investigación puede haber contribuido a esta sensación de obra acabada. Desde la investigación de punta, que sería hoy inimaginable sin la presencia de herramientas informáticas avanzadas y funcionando en red, hasta los programas de alfabetización en zonas aisladas o menos desarrolladas o las redes sociales del web 2.0, la gama de usos de e-learning es tan amplia y diversa que empieza a resultar difusa y difícil de entender.

Y, sin embargo, estamos sólo al principio. Pasado el primer momento de equipa- miento y puesta en red, el desarrollo de e-learning puede y debe hoy centrarse en aspectos cualitativos; en desarrollar métodos pedagógicos que hagan buen uso de los nuevos recursos digitales; en avanzar en la difícil pero prometedora vía de una enseñaza personalizada y centrada en el alumno; en una política activa de identificación de demandas insatisfechas y de nuevas demandas.

Hay una carencia de investigación y experimentación sobre aspectos cognitivos, en particular en todo lo que se refiere a las características multi-lingüísticas, multi-culturales y multi-generacionales de los nuevos ámbitos de aprendizaje, que hoy se extienden más allá del aula, y de los nuevos «aprendices» o «aprendedores», alumnos, estudiantes y trabajadores que están de manera creciente inmersos en un mundo digital.

Excepto en unos pocos países, es un hecho que el nivel de uso de las TIC para alumnos y docentes es totalmente distinto en la casa y en el aula. Cuando hablamos de una mejor conexión entre escuela y sociedad, hay que tener también en cuenta este «factor digital». Los que se han dado en llamar nativos digitales o millennium learners tienen con las TIC una relación natural y fluida. Ellos ya han dado el salto del e-learning al puro y simple learning que aquí y ahora no puede ya concebirse sin las TIC o sin Internet.

Las universidades y los centros escolares son la avanzada de los sistemas educativos, los laboratorios donde se desarrollan las pedagogías y los recursos para un mejor aprendizaje y una mejor enseñanza. En la etapa siguiente, las empresas tienen que transformarse en lugares de aprendizaje. Tras ellos va el ancho mundo. El ambicioso paradigma del aprendizaje a lo largo de la vida está a nuestro alcance.

Las nuevas herramientas que hemos dado en llamar e-learning ocupan en esta visión un puesto clave en los sistemas de educación y de formación, tanto en sus vertientes formales como en las no formales y en las informales; en todo cuanto se refiere a aprender y a enseñar. Por ello, es muy de agradecer la aparición de libros como éste, que a través de una descripción y un análisis crítico de experiencias de e-learning lo acercan a los lectores interesados, entre los que se cuentan sin duda todos los actores del mundo de la educación y de la información.

Desde la Comisión Europea, quisiera felicitar y agradecer a Ana LANDETA  y a la UDIMA por esta segunda edición de las «Buenas prácticas de e-learning».

 

Maruja Gutiérrez Díaz
Head of Unit Innovation and Creativity
Adviser to the Director on: European Year of Creativity and Innovation

 

1  A Strategy for ICT R&D and Innovation in Europe: Raising the Game  COM (2009) 116.
2  Progress towards the Lisbon objectives in education and training, http://ec.europa.eu/education/policies/2010/doc/progress08/report_en.pdf.
3  VILLALBA, E. (2007). The relationship between innovation and education. JRC Technical Reports 22797 EN.
4  The use of ICT to support innovation and lifelong learning for all-A report on progress SEC (2008) 2629.
5  Presidency of the European Union Council Ministerial Conference On E-Inclusion 2nd december 2008.